
Procesando. Por favor aguarde...
El termómetro marca -10°C en Ushuaia, pero el verdadero termómetro de la gestión de Gustavo Melella no mide la temperatura, sino la paciencia de los vecinos. Esa paciencia se agotó hace rato, justo cuando el servicio eléctrico colapsó por más de once horas debido al congelamiento de una turbina Rolls-Royce que, según el diagnóstico técnico, no recibió el mantenimiento programado para la temporada. Es el mismo diagnóstico que se repite invierno tras invierno, como un disco rayado que el Gobierno se niega a cambiar en nombre de la política del campo “Nacional y Popular”
La ministra de Energía, Gabriela Castillo, lo confesó con una metáfora que debería avergonzar a cualquier funcionario responsable: “La sábana es cortita”. No hay planificación, no hay previsión; hay una resignación oficial que ató el bienestar de los hogares fueguinos a la ausencia de imprevistos. Castillo admitió que el sistema se sostiene por restricciones a los sectores hotelero e industrial en horas pico. Esta política deja al desnudo la falta de inversión y las fuertes sospechas del vaciamiento del sector energético en pos del desembarco de los chinos, para hacerse cargo de la generación eléctrica.
Una deuda que se paga con oscuridad
La crisis no es un accidente. Es el resultado de una desinversión sistemática del gobierno de Melella que en nombre del "campo Nacional y Popular" tuvo otras prioridades, ese es el origen de los cortes permanentes de luz y agua en la capital de la provincia.
La respuesta oficial es un manual de cinismo. Cuando las familias se quedan sin calefacción, sin agua (porque el bombeo depende de la electricidad), la ministra justifica la demora en usar generadores alquilados porque “te comen el hígado en combustible”. Esta declaración, lejos de ser una anécdota, es un retrato de una gestión sin rumbo que tiene una provincia fundida, con los servicios públicos colapsados , como son la energía, la salud, la seguridad entre otros desaciertos del gobierno.
El silencio del propio Melella es ensordecedor. Mientras los vecinos de Ushuaia buscan kerosene, leña y velas para sobrevivir a la noche más larga, Melella espera la final del mundial en su coqueto departamento de La Recoleta Su funcionario predilecto, Maximiliano D’alessio, que cobra un sueldo de más de 100 millones al mes, tampoco se hace cargo. La distancia geográfica entre la Capital Federal y el Fin del Mundo es enorme, pero la distancia emocional con los problemas de los fueguinos es aún mayor.
El relato oficial intenta instalar que la culpa es del frío, o de los fondos nacionales que no llegan. El gobernador pidió a los libertarios que dejen las críticas y destraben los fondos de Nación, pero la realidad es que la improvisación es crónica y no depende de la llegada de un cheque, sino de la voluntad de hacer las cosas bien.
La desidia del Gobierno no se representa en un hecho aislado; es una constante que se repite en el manejo de todas las. La crisis de Ushuaia no es meteorológica, es política. Y mientras el gobernador siga mirando el partido desde la comodidad de un departamento porteño, la oscuridad seguirá siendo la única certeza para los habitantes de la capital fueguina.
COMENTARIOS