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Explotación de hidrocarburo fueguino

Entre la fuga, la improvisación y un futuro con poco gas

El panorama que atraviesa la explotación hidrocarburífera no es simplemente complejo, es francamente desolador. Lejos de aquel mito de la prosperidad energética, la provincia se encamina hacia un escenario de incertidumbre terminal, donde cada actor parece estar tirando del hilo que terminará por desgarrar el último sostén de su matriz productiva. Más de 200 despidos. Silencio cómplice de los gremios. Terra Ignis con gastos millonarios y sin control.

La salida de YPF, una empresa con defectos pero con espalda financiera y experiencia, ha dejado un vacío que nadie parece poder llenar. Y la situación de Roch, queriéndose ir también de la isla, no hace más que confirmar un diagnóstico implacable: los grandes capitales huyen del fin del mundo mientras la política local intenta remar con palos rotos.

El desembarco de la empresa cordobesa Velitec es, para ser generosos, una apuesta de riesgo. Sin espalda económica real y llegando de la mano de Terra Igni —una empresa estatal que ya nació herida—, el binomio tiene todos los números para el fracaso. Porque Terra Igni no es más que un cascarón burocrático: un directorio que cobra sueldos millonarios mientras demuestra un asombroso neofitismo en materia hidrocarburífera. Son gerentes que aprenden sobre crudo con el manual abierto, mientras el pozo se seca.

Las declaraciones de Verónica Tito, gerenta general, legal e institucional de Terra Ignis, debieron ser una señal de alarma. En lugar de certezas, ofreció eufemismos: habló de "recuperar producción" cuando la realidad es que los costos operativos ya superan los ingresos. Admitió que no hay planes de expansión, solo una agonizante "recomposición". Eso no es gestión energética: es cuidados paliativos.

Y mientras la dirigencia se enfrasca en declaraciones vacías, el suelo se quema. El silencio cómplice de los gremialistas —más preocupados por sus cuotas de poder que por los puestos de trabajo— ha permitido más de 200 despidos en el sector. Familias enteras quedan en la calle, y la actividad se desangra en silencio.

El dato más escalofriante, sin embargo, ya no es solo la pérdida de empleo: es el riesgo real de desabastecimiento de gas en la propia Tierra del Fuego. La provincia que alguna vez alimentó los gasoductos del país hoy podría quedarse a oscuras y sin calefacción. La Planta San Sebastián muestra signos de deterioro, y nadie garantiza que la infraestructura resista el invierno.

El interrogante que debería helar la sangre de cada fueguino es simple: ¿quién va a pagar el costo de esta debacle?. Con trabajadores despedidos, la posibilidad de que los consumidores que se queden sin gas y una realidad de que los directivos de Terra Ignis miran el desastre cobrando fortunas mientras el barco se hunde.

 


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