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Convocatoria de reformar la Constitución provincial

El origen ilegítimo de la reforma condena el plan de Melella

Aprobada en una sesión de madrugada con votos canjeados por bancas, la reforma constitucional que impulsa el gobernador nace viciada de origen. Sciurano y Martínez, los dos dirigentes que negociaron su apoyo a cambio de reelección, son hoy el símbolo del fracaso político de una iniciativa que la Justicia frenó y la crisis socioeconómica terminó de sepultar.

Melella, junto al bloque de FORJA que le dio origen al llamado de la reforma de la Constitución en una sesión atravesada por las sospechas de corrupción.

El problema más grave que enfrenta la “Reforma Constitucional” que impulsa Melella radica en su nacimiento. Es decir, en la forma en que consiguió los votos en la Legislatura provincial. No se trató de un consenso general o transversal a los partidos políticos, sino de un “toma y daca” de los protagonistas de turno.

Hay que recordar que la Legislatura que aprobó la iniciativa estaba en retirada: era su última sesión y ese era uno de los últimos asuntos a tratar. Para muchos, levantar la mano significaba despedirse de la banca con algo más. Para otros, era la oportunidad de volver a ser electo. Es el caso del intendente exradical Federico Sciurano y de la exvicepresidenta del PJ Myriam Martínez. Ellos dos vieron la veta, la desesperación de Melella, y no dudaron en canjear sus votos por ser cabecera de lista de FORJA —un partido extraño para ambos— pero que les garantizaba cuatro años más en sus bancas.

Sciurano y Martínez son la expresión más acabada de por qué fracasa la reforma de la Constitución que busca la re-reelección de Melella. Ellos dos fueron subastados a cielo abierto. Aceptaron las condiciones sin pudor, pensando que un buen relato, bien hilvanado, con tiempo y dedicación, iba a solapar lo sucedido en esa última sesión, donde entre gallo y media noche el gobierno se levantó con una ley tirada de los pelos. Melella conseguía una herramienta para ser reelecto de la misma forma que consiguió esquivar a la Justicia para ser candidato.

Pero el tiempo suele poner muchas cosas en su lugar. Myriam Martínez y Federico Sciurano podrán saber mucho de política (o politiquería), pero nunca entendieron el impacto de las redes sociales, que atravesaron a la comunidad con la impronta de lo nuevo. Esa metamorfosis clave en la política de hoy no la vieron venir.

Durante décadas, los medios tradicionales (televisión, radio, diarios) funcionaron como guardianes de la agenda pública: decidían qué noticias ver, en qué horario y con qué encuadre. Las redes sociales rompieron ese monopolio.

Sciurano se quedó con la parte de la historia de cuando era intendente y repartía pauta entre los medios amigos, logrando manejar la agenda política a su antojo y, de paso, tener un blindaje a medida. Hoy la historia se cuenta de otra forma: pautar en diarios que ya nadie lee o aparecer en noticieros que pierden rating frente a streams y redes es tirar dinero en un saco sin fondo.

Las redes sociales no mataron a los medios tradicionales, pero los dejaron como actores secundarios. Y con los dirigentes como Sciurano y Martínez pasó algo similar: no entendieron en su momento la influencia de las redes; al contrario, la menospreciaron. El comentario, el clip y la viralidad los hace el colectivo social: es la participación de cientos y cientos de vecinos que espontáneamente irrumpen en la vida cotidiana. Esta nueva tendencia vino para quedarse, pero sobre todo para desnudar al “dirigente” frente a miles y miles de actores. Y esto es lo que le pasó a Sciurano y Martínez en particular, y le pasa a toda la dirigencia en general. Querer tapar el sol con las manos es imposible en el mundo de las redes sociales.

En el último suspiro de la última sesión legislativa, cuando ya todo era un lodazal, nació la “Reforma”. Una ley que hoy está en boca de todos y de la cual su mentor, Gustavo Melella, se aferra como una tabla de salvación en medio de un mar de incertidumbre.

Pero la realidad es otra: los actores en la Legislatura son otros, y la Justicia tiene otros planes. Esta fotografía de hoy es la que congeló los deseos del gobernador, teniendo en cuenta también que la realidad socioeconómica de los fueguinos contribuyó mucho a forjar este clima.

La sesión de la Legislatura votando una ley para cancelar otra (la reforma) no fue un acto de reparación: fue el intento de poner una tapa a una sesión que aún desprende el hedor de una cocina en putrefacción, que vio nacer al nuevo bloque de FORJA y nos trajo a este presente, donde la tensión institucional se entrecruza con la peor situación socioeconómica de la provincia.

Las cartas ya están jugadas. La Legislatura hizo lo suyo, la Justicia se paró frente a la reforma. Quedan los manotazos de ahogados que el Poder Ejecutivo intenta hilvanar para sobrevivir. En este escenario es difícil imaginar una elección de convencionales. Es tan difícil como imaginar el futuro del gobierno de Melella: un gobierno sin rumbo, sin un plan B y con un equipo de ministros sumergidos en negocios non sanctos.

 


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