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Crisis climática

TdF tiene el mayor potencial para la captura de carbono

Lo hace a través de la turba. Así lo indica un informe de National Geographic Society y el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación de Naciones Unidas. Investigaciones determinaron que solo Península Mitre almacena 315 millones de toneladas métricas de carbono. Por Laura Rocha

Los conservacionistas apoyan un proyecto de ley que tiene bajo análisis la legislatura fueguina, para crear un Área Natural Protegida.

Tierra del Fuego es la provincia con mayor potencial para la captura de carbono, uno de los gases de efecto invernadero que causa el calentamiento global y que genera la actual crisis climática que atraviesa el planeta. Así lo indica un informe de National Geographic Society y el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación de Naciones Unidas, que muestra cómo la protección de las turberas que han acumulado carbono durante milenios es necesaria para mantener el equilibrio en la atmósfera.

La investigación internacional identificó que la Península Mitre, en Tierra del Fuego, almacena el equivalente a más de tres años de emisiones de dióxido de carbono de Argentina por la particularidad de su ecosistema, compuesto mayormente por turberas. Las turberas son un tipo de humedal, que se caracterizan porque en ellas se produce y acumula progresivamente materia orgánica muerta llamada turba. La turba es materia orgánica semidescompuesta que proviene de plantas adaptadas a vivir en condiciones de saturación permanente de agua, baja presencia de oxígeno y escasa disponibilidad de nutrientes.

Rodolfo Iturraspe, secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, explica que “en América del Sur, la concentración más importante de turberas extra tropicales son las que están ubicadas en Patagonia. En Península Mitre se encuentra la principal concentración de turberas del país con 2400 km2 de turba”. Las turberas almacenan en el mundo cerca del 30% del carbono de los suelos en tan solo un 3% de la superficie terrestre, el doble de lo almacenado en la biomasa vegetal. Además, albergan el 10% del agua dulce del planeta. En Argentina, el 95% de las turberas se encuentran en la provincia de Tierra del Fuego, concentradas en Península Mitre, lo que evidencia la necesidad de conservar este territorio.

Este informe será presentado en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25), que se realizará en Chile, en diciembre próximo. En busca de protección La sanción de una ley que le otorgue un marco legal de conservación a la Península Mitre como parque provincial, protegería este valioso ecosistema y evitaría que el carbono almacenado en el suelo y la biomasa vegetal regresen a la atmósfera aumentando el efecto invernadero. Según la agrupación ambientalista Sin Azul no hay Verde, hace más de 17 años que se busca la protección del área. Ante el actual escenario de crisis climática global, la captura de carbono es considerada una medida clave de mitigación frente al desborde de emisiones mundiales de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, los principales causantes del calentamiento global. La protección de la península tendrá repercusiones para todos los argentinos.

“La provincia de Tierra del Fuego tiene el privilegio y la oportunidad de contribuir a la mitigación de una problemática de carácter mundial protegiendo la península. Es una deuda de más de 17 años que tiene la provincia con la conservación”, dijo Ángeles De La Peña, miembro de CLT y Sin Azul No Hay Verde. El carbono que se fija en casi todas las plantas, se descompone cuando la planta muere y el carbono vuelve a la atmósfera. Las turberas cumplen una función importante en la regulación del ciclo de carbono ya que son capaces de captar en forma indefinida el dióxido de carbono transformándolo en materia orgánica y crecen indefinidamente.

Por eso, es muy importante el cuidado en el manejo de las turberas, porque en el caso de generar un desequilibrio, como ser drenarles todo el agua, la materia orgánica seca se descompone y cuando eso sucede, todo el material que se acumuló a lo largo de miles de años regresa a la atmósfera aumentando el efecto invernadero. “Las costas de Península Mitre e Isla de los Estados albergan una abundancia de vida inigualable que necesita ser protegida para mantener la salud de los océanos, es una zona de importante agregación de aves y mamíferos marinos dada la alta productividad biológica del mar. Es donde se cruzan las corrientes del Pacífico y el Atlántico sumando las corrientes circumpolares antárticas”, agregó De la Peña.

Cómo se forman

“Luego del retroceso de un glaciar, se produce una gradual acumulación de arcilla en el fondo de los cuerpos de agua subsistentes y la colonización de ellos por plantas acuáticas, que, una vez muertas, se depositan en la cubeta y comienzan a formar turba. Ambas cosas ocasionan la disminución de la profundidad del lago. Con el tiempo, cambios en las condiciones de drenaje de una turbera pueden producir modificaciones en el tipo de vegetación que la forma, lo que da lugar a más de un tipo de turba en una misma turbera”, detallan en Ciencia Hoy un grupo de científicos argentinos, entre ellos Andrea Coronato que estudió estos ecosistemas.

“El fenómeno también puede producirse en planicies de inundación de arroyos o ríos, lo mismo que en meandros abandonados de estos. En las primeras, de relieve plano, condiciones ineficientes de drenaje favorecen el anegamiento y permiten el crecimiento de vegetación propia de turberas; en los meandros, especies vegetales acuáticas colonizan el agua residual estancada e inician el proceso”. Las turberas son un recurso natural con valor económico. Ciertos usos de ellas, como los relacionados con la recreación y el turismo, permiten conservar su valor ambiental si se las maneja adecuadamente. Pero otros usos, basados en la extracción de la turba, requieren el drenaje del humedal, lo que implica que deje de actuar como tal y la consecuente pérdida de sus servicios ecosistémicos.

La turba ha sido utilizada desde el siglo XII –principalmente en Europa– como combustible de bajo poder calórico. A partir de 1930 comenzó a usarse como sustrato de cultivos hortícolas intensivos bajo cubierta. La turba formada por musgos del género Sphagnum es una de las más requeridas para ese propósito.

 


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