
Procesando. Por favor aguarde...
El mismo gobernador que dedicó gran parte de su alocución a denostar el modelo de Milei, terminó abrazando una de sus herramientas estrella porque "necesitamos inversiones urgentes".
Bajo el lema "El Nuevo Impulso Fueguino" Melella prometió transformaciones estructurales en su discurso de apertura de las sesiones ordinaria de la Legislatura provincial, sin embargo, al finalizar su alocución, quedó la sensación de un déjà vu, un diagnóstico detallado de los males importados desde la Casa Rosada, pero un llamativo silencio sobre las falencias propias, las que ocurren puertas adentro y que los fueguinos padecemos a diario.
Melella no escatimó en calificativos para describir el impacto de las políticas del presidente Javier Milei. Hablo de la inflación que vuelve a repuntar de la pérdida de empleos industriales, caída de la coparticipación y un ajuste que, según sus palabras, "huele más a fracaso que a esperanza".
En su discurso hablo de una pérdida real del 9% en coparticipación (equivalente a 60 mil millones de pesos) y una caída del 20% en la recaudación provincial. En ese relato, el gobernador intentó posesionarse como el defensor del territorio frente al avasallamiento libertario, el gestor que, a pesar de la tormenta, mantiene las paritarias libres y no ajusta salarios.
El problema de Melella no es lo que dijo, sino lo que omitió. Porque en su discurso Melella no hablo una sola palabra sobre el estado de la provincia, el capítulo de la autocrítica brilló por su ausencia. La gestión provincial no es una víctima pasiva del contexto; es también responsable de sus propias decisiones, demoras e ineficiencias. Sin embargo, el discurso en la Legislatura fue un monumento a la externalización de responsabilidades.
El gobernador anunció un ambicioso paquete de más de 20 iniciativas legislativas, que incluyen desde la adhesión sorpresiva al RIGI nacional —mismo gobierno al que acusa de destructivo— hasta una ley de simplificación de trámites y un plan de créditos hipotecarios. Pero, ¿cómo se conjuga esta ola de "transformación" con la falta de respuestas en el presente?
Tomemos el caso de la Obra Social del Estado Fueguino (OSEF), ese "elefante blanco" que el propio Melella reconoció como una "piedra en el zapato" en sesiones anteriores. Este año, el anuncio de una "reingeniería integral" sonó más a promesa de campaña que a solución concreta.
Mientras el gobernador habla de futuro, los afiliados siguen sufriendo las demoras en las prestaciones, la falta de coberturas y un sistema que parece enquistado en el pasado. No hubo un balance claro sobre los resultados de las auditorías prometidas el año pasado ni una explicación de por qué, el Estado no ha logrado resolver el desfinanciamiento crónico.
Algo similar ocurre con el problema habitacional. Melella celebró la creación de créditos hipotecarios a 30 años a través del Banco de Tierra del Fuego, aunque como todo anuncio del gobierno aún no se conoce la “letra chica”, es decir los requisitos que la banca va a solicitar a quienes pretendan un crédito.
El fantasma de la eficiencia
Uno de los ejes del discurso fue la promesa de un "Estado servicial, eficiente y dinámico". La ironía es que Melella lleva seis años de gestión y todo indica que recién ahora, tanto él como sus ministros se dieron cuenta que han construido un Estado fallido, burocrático, superpoblado y deficiente.
Mientras el gobernador fustiga a los "industriales que no hicieron bien las cosas" y a los gremios por sus reclamos, parece no ver que la pesada estructura del Estado provincial —que consume más del 80% de los ingresos en salarios — requiere una cirugía mayor que va más allá de los anuncios de modernización. En su discurso, el "Estado presente" siempre es sinónimo de inversión y cuidado; rara vez se lo menciona como un problema de costos o de productividad. La "transformación" que propone se asemeja más a una actualización estética que a un cambio de paradigma.
También quedo expuesta la soledad política que sufre Melella y que no pasó desapercibida, amén de abrir las sesiones ordinaria de la Legislatura provincial, de la cual ya perdió el control de las comisiones claves, la narrativa de unidad se resquebrajó con las ausencias de los intendentes, Walter Vuoto y Martín Pérez, en un acto que se presume institucional. Más allá de las internas políticas, esta fractura expone la falta de cohesión de un espacio que, en la adversidad nacional, no logra articular una respuesta provincial homogénea.
Pero la contradicción más profunda del discurso de Melella fue, sin duda, su giro pragmático para adherir al RIGI. El mismo gobernador que dedicó gran parte de su alocución a denostar el modelo de Milei, terminó abrazando una de sus herramientas estrella porque "necesitamos inversiones urgentes". No hay autocrítica en este viraje, ni una explicación profunda a los fueguinos sobre por qué lo que hasta ayer era demonizado, hoy es la tabla de salvación. Se trata de una muestra de realismo político, sí, pero también de una falta de previsión: ¿por qué no se buscaron alternativas propias antes de tener que adherir al modelo que se critica?
La falta de una autocrítica sincera sobre la gestión pública provincial es la deuda más grande que Melella arrastra. Mientras no se admita que la crisis también se alimenta de inercias locales, de falta de control y de promesas incumplidas, cualquier "Nuevo Impulso" corre serio riesgo de quedarse en lo que parece un slogan más de campaña.
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