
Procesando. Por favor aguarde...
Melella está atrapado en un doble aislamiento: el de Buenos Aires impuesto por Milei y el de la propia sociedad fueguina que ya no confía en la gestión gubernamental.
La salida de la Jefatura de Gabinete de Agustín Tita para recalar en una banca de diputados, dio los primeros indicios de la soledad política que rodea a la gestión de Melella.
Si bien, intento por todos los medios traer a un Jefe de Gabinete que tenga buenos vínculos con la Legislatura y que construya puentes con la Nación, la realidad fue otra, tuvo que conformarse con ascender a su eterno jefe de prensa Jorge Canals ( ocupaba la vicejefatura de gabinete) que se encargaba de repartir la pauta publicitaria y ponerlo de mandamás del gabinete provincial.
Luego vino la salida del ministro de Economía que desató otro raid en busca de un sucesor. Y otra vez la situación empujo al gobernador a hacer un enroque de funcionarios, saco a Alejandro Barrozo de la AREF, la Agencia quedo en manos de quien era el segundo y asumió el Ministerio de Economía, un lugar en el que no se siente cómodo.
Ahora la situación empuja nuevamente a Melella a buscar a un hombre para completar el gabinete, la vacancia pertenece al Ministerio de Producción y Ambiente. La busqueda volvio a mostrar el peor rostro para la gestión. Sin puertas que golpear, sin dialogo con los "afines" y con sus ex aliados en la vereda de enfrente, Melella se vió obligado a convocar nuevamente al ministro que había echado hace menos de un mes.
El regreso de De Vita, es una sintesis de la orfandad política y social que envuelva la gestión de gobierno.
Salvo la llegada de la Concejal riograndense del FORJA Lucia Rosi al ministerio de Bienestar Ciudadano y Justicia que dejo Adriana Chapperón, el gabinete de Melella no tuvo renovación.
La prometida oxigenación de gabinete para inyectarle impulsos nuevos a la gestión quedo solo en promesa, como muchos otros anuncios del gobierno. La realidad es que Melella navega dentro de una inmensa incertidumbre y sin aliados políticos. El horizonte inmediato no parece ofrecer alivio al gobierno. Con el puerto intervenido, la caída brusca de la producción hidrocarburifera, la baja en la calificación de la provincia, han dejado a las arcas provinciales exhaustas y sin un salvavidas federal a la vista.
La soledad de Melella es tanto política como programática. El gobierno no tiene hoy un proyecto económico o un rumbo claro que lo diferencie. Su reclamo a la Nación es genérico, y a nivel local no logra consensos para medidas extremas necesarias. Melella está atrapado en un doble aislamiento: el de Buenos Aires impuesto por Milei y el de la propia sociedad fueguina que ya no confía en la gestión gubernamental.
Revertir la crisis y reconstruir su base política, se presenta como un desafío enorme para la gestión. Es por eso que la pregunta que ronda en el vecindario, es si el gobierno podrá salir de su aislamiento antes de que la crisis social alcance un punto de no retorno.
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