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El déficit energético del que nadie habla

El gas que no calienta: la paradoja energética fueguina

Mientras las calderas funcionan sin pausa y los hogares no alcanzan una temperatura confortable, el gas que llega a los hogares fueguinos tiene un poder calorífico muy por debajo de lo necesario. La prometida interconexión de los gasoductos, clave para mejorar la calidad del servicio, espera desde hace cinco años en los presupuestos provinciales sin ejecutarse.

En los inviernos de Tierra del Fuego, donde las temperaturas pueden descender muy por debajo de cero, el gas natural no es un confort sino una necesidad básica para la supervivencia. Sin embargo, desde hace años los fueguinos padecen un problema que parece no tener solución: el gas que llega a sus hogares es de mala calidad. Técnicamente, se trata de un gas con bajo poder calorífico, lo que en términos prácticos significa que, aunque los artefactos funcionen, la cantidad de energía que entregan es insuficiente para calefaccionar los ambientes como deberían. Es como intentar calentar una casa con una hornalla baja: el consumo es el mismo, pero el resultado es mucho menor.

El origen del problema está en la propia matriz de producción. El gas que se consume en la red domiciliaria de la isla proviene principalmente de los yacimientos ubicados en el norte de la provincia, en la zona de San Sebastián. Históricamente, la inyección al sistema la realizaban YSUR (la filial de YPF) y la empresa Roch, mientras que Total se encargaba de abastecer el gasoducto San Martín. Pero la salida de YPF de las operaciones convencionales en la provincia, para concentrar sus inversiones en Vaca Muerta, dejó un vacío que el gobierno provincial intentó llenar con la creación de la empresa estatal Terra Ignis Energía S.A..

En sociedad con la pyme cordobesa Velitec S.A., Terra Ignis asumió en 2026 la operación de los yacimientos "Lago Fuego", "Los Chorrillos" y "Tierra del Fuego". El discurso oficial celebró el traspaso como una recuperación de la soberanía energética y una herramienta para garantizar el abastecimiento. Sin embargo, la realidad técnica parece haber conspurado contra ese objetivo. Fuentes del propio ministerio de Energía, que conduce Gabriela Castillo, reconocen que el problema de la baja calidad del gas es una consecuencia de la necesidad de extraer a máxima capacidad para satisfacer la demanda. Al no poder contar con un segundo caudal que ayude a "cortar" o mejorar la calidad del gas, las operadoras deben exprimir los pozos, lo que inevitablemente hace caer la cantidad de calorías por metro cúbico.

La solución técnica a este problema no es un misterio. Existe un proyecto largamente anunciado: la interconexión de los dos sistemas de gasoductos que recorren la isla —el Fueguino y el General San Martín— mediante una estación compresora que se instalaría en la zona de Cabo Domingo. Esta obra permitiría, entre otras cosas, mejorar la calidad del gas inyectado al sistema y, de paso, llevar el servicio a miles de familias que aún dependen de garrafas. En 2021, Melella recorrió los avances de la obra, que en ese momento se presentó como una prioridad. Incluso se llegó a fabricar el primer motocompresor en Buenos Aires y se habló de las siguientes etapas para el tendido de caños hacia San Sebastián.

Sin embargo, esa obra se convirtió en una promesa incumplida como tantas otras de este gobierno. Según las mismas fuentes del ministerio de Energía, los fondos para completar la interconexión y la planta de bombeo han estado aprobados en los últimos cinco presupuestos provinciales, pero nunca se ejecutaron. "El gobierno tiene otras prioridades", fue la respuesta que recibieron quienes consultaron sobre el estancamiento de un proyecto que, en los hechos, es la única salida a la crisis de calidad del gas que padecen los fueguinos.

El contraste es evidente. Mientras el gobierno provincial celebra la puesta en marcha de Terra Ignis y la firma de acuerdos con Velitec como un hito histórico, la calidad del servicio que llega a los hogares sigue siendo mala y va de mal en peor. Y la infraestructura que podría resolver el problema —la planta compresora en Cabo Domingo— permanece en el limbo, engrosando la lista de promesas de campaña que nunca se concretaron. Mientras tanto, los fueguinos siguen pagando una factura que no se condice con el servicio recibido, y las calderas, en una paradoja cruel, no dejan de funcionar, aunque el calor que entregan sea apenas un reflejo de lo que debería ser.

Más preocupado por la “Reforma de la Constitución” y viviendo la mayor parte del tiempo en Buenos Aires, Melella no sufre la realidad fueguina y sus lacayos solo dejan pasar el tiempo como un alarga agonía de un gobierno que se desgarra frente a las demandas sociales.

 


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