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El calendario escolar fueguino vuelve a quedar en el centro del conflicto

TdF: Otra vez la provincia con menos días de clases

El ciclo lectivo 2026 llegó a su primera mitad con un saldo preocupante: paros, asambleas, desobligaciones y un calendario partido en pedazos. La foto es idéntica a la del año pasado, cuando Tierra del Fuego se ubicó en el último lugar del país en días de clase. Y nada indica que este año vaya a ser diferente.

La provincia llega al receso invernal con la misma tensión que la acompaña desde el inicio del año. El paro docente convocado por SUTEF para este miércoles 18 de junio, en adhesión al Paro Nacional impulsado por el FreNDEP, no es un hecho aislado sino un eslabón más de una cadena de interrupciones que ya lleva meses. Desde febrero, ninguna semana pudo completarse con normalidad en todos los establecimientos. La suma de huelgas, desobligaciones, asambleas y congresos sindicales convirtió el calendario escolar en un rompecabezas de difícil armado para las familias, que día a día esperan definiciones de último momento a través de los grupos de WhatsApp.

El reclamo salarial del gremio es legítimo y no admite discusión, los docentes fueguinos enfrentan un costo de vida entre los más altos del país y sostienen que las ofertas del Ejecutivo provincial resultan insuficientes. Pero también es cierto que el derecho a la educación de miles de estudiantes queda atrapado en medio de una pulseada que la dirigencia política todavía no logra destrabar. El Gobierno insiste en su vocación de diálogo, pero las señales de avance son escasas; SUTEF mantiene el estado de alerta y las negociaciones siguen abiertas sin perspectivas claras de un acuerdo antes del receso.

El dato de fondo es alarmante: en 2025, Tierra del Fuego ya fue una de las provincias con menos días de clase del país. Y el recorrido de 2026 sugiere que el mismo destino se repite. La pregunta que debería incomodar a todos los actores involucrados es simple pero incómoda: mientras el conflicto se prolonga y el calendario se desarma semana tras semana, ¿quién protege al estudiantado? Porque en esta pelea, los alumnos no están sentados en la mesa de negociación, pero son ellos los que pagan el costo más alto: días perdidos, continuidad pedagógica fracturada y un año lectivo que, para muchos, ya no tiene la forma de un año completo. Las vacaciones de invierno llegarán con más dudas que certezas, y el regreso a las aulas en julio no promete un escenario muy diferente si las partes no logran encontrar un punto de encuentro que ponga, por fin, a los estudiantes en el centro de la solución.

 


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