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BitPatagonia invirtió USD 10 millones

La mayor fábrica de bitcoins esta en nuestra provincia

Cuáles son los planes de los empresarios que apuestan a la "cripto" que perdió 85% de su valor en un año. Una nota de Infobae responde a ese enigma y nos muestra cómo funciona la fábrica de bitcoins más grande del país radicada en nuestro parque industrial. Por Sebastián Catalano

Diego Pando y la gobernadora Rosana Bertone en visita a la planta de bitcoins

El ruido es el de millones y millones de abejas juntas y enojadas. Un zumbido constante, hipnótico. Pero no, no son abejas: son computadoras. Están pegadas unas a otras, en una suerte de Lego tech, acomodadas en racks –estanterías informáticas– que llegan hasta el techo. Hay 3.400 y todas trabajan las 24 horas. Son máquinas especiales, con componentes de las PC convencionales, pero dispuestos de manera diferente, en menor espacio, que sólo sirven para fabricar bitcoins.

La escena transcurre en la fría Río Grande, en Tierra del Fuego, en una de las instalaciones de BitPatagonia, la fábrica –o minea, en la jerga– de bitcoins más grande de la Argentina. Mientras tanto, el precio de la criptomoneda estrella toca el precio más bajo desde hace 15 meses: pasó de casi USD 20.000 por unidad en diciembre pasado, a un presente de flacos USD 3.200. Eso es igual a una brutal caída de casi 85 por ciento. En la fábrica, a pesar de todo, el clima es bueno. Unos 30 inversores de esta empresa que tiene menos de un año de vida vinieron a ver dónde están invertidos sus billetes.

 

La planta de la empresa en Ushuaia

La empresa invirtió USD 10 millones en instalaciones que parecen de ciencia ficción, en medio de una provincia que mantiene un viejo régimen de promoción industrial que vive un proceso de reconversión, con algunas fábricas que dejaron de ensamblar computadoras y celulares.

BitPatagonia, operativa hace ocho meses, tiene más de 70 inversores (la mitad viajó al sur) que pusieron al menos USD 50.000 para este emprendimiento. En la lista hay jóvenes profesionales, empresarios pymes y no tanto, entusiastas tecnológicos y también nombres de peso en mundo tech que no quieren ser mencionados.

Diego Pando –exitoso emprendedor de la primera ola de Internet, que fundó Bumeran y otros muchos proyectos y ahora es uno de los socios de Digital House– y Walter Salama, el gerente operativo del emprendimiento, hacen de guías y muestran las instalaciones. Las pantallas que marcan el ritmo, segundo a segundo, del negocio; y las computadoras que guardan el complejo algoritmo que les permite, aseguran, ser eficientes y ganar mercado en un mundo que parece caerse a pedazos. Los otros dos fundadores de la empresa son Miguel Klurfan y Rodrigo Benzaquen.

El precio del bitcoin en caída libre es "el elefante en la sala de este viaje": todos saben que está ahí, pero nadie quiere hablar del tema. Prefieren enfocarse en la recuperación y, sobre todo, en el potencial de blockchain, la tecnología detrás de la moneda digital, para muchos una revolución tech en ciernes que tendrá el mismo impacto que la creación de Internet. Mientras tanto, business are business y si acá se minan bitcoins el precio importa porque, en definitiva y más allá de las espaldas que pueda tener la empresa, es lo que hace que el negocio sea sustentable.

"El precio me preocupa en tanto nos permita estar operativos. Las máquinas necesitan recambio y hay que reinvertir", dice Pando, quien detalla que muchas otras mineras sui generis del país, operaciones mucho más chicas, ya les mandaron la máquinas que desenchufaron porque no les cerró el negocio.

"Este es un negocio de escala. Nuestros inversores son accionistas, no quieren una tasa ya. Van a recuperara la inversión cuando se venda la empresa, cuando esto se sostenga a largo plazo, que es la gran apuesta, o cuando como ahora, que hay menos jugadores, minemos de manera más eficiente. Así, si el precio sube, como todos pensamos, como toda la industria cree, ese atesoramiento va a valer mucho más y habrá ganancia real", asegura.

Igual, Pando admite que la situación es tensa y que, eventualmente, todo podría salir mal: "Esta es una inversión de alto riesgo y de largo plazo. Es lo que les digo a todos los inversores. Somos emprendedores que se la juegan".

La empresa obtiene unos 30 bitcoins por mes (que podrían ser 60 en febrero). Por ocho meses de operación, 240 unidades. Hace un año, valían USD 5 millones. En mayo, USD 2 millones y ahora la mitad. Una verdadera montaña rusa no apta para inversores conservadores.

 

Diego Pando y Walter Salama

Bitcoin al sur

BitPatagonia tiene dos fábricas, la otra está Ushuaia, la capital provincial. Las dos plantas tiene un diseño particular y son sustentables porque no consumen energía para refrigerarse. "Aprovechamos el frío y el viento y ganamos en eficiencia. Generamos circuitos de entrada de aire frío y salida de aire caliente de forma natural por la misma presión de las máquinas", describe Salama.

Minar bitcoins significa crear monedas que sólo existen en el mundo virtual. Sólo habrá 21 millones de bitcoins, que se terminarán de emitir en el año 2140. Esta criptomoneda nació en 2009 como una opción de dinero digital, descentralizada e inviolable: una alternativa al cash en la que todas las transacciones quedan registradas en una gran base de datos, también imposible de hackear o duplicar, la cadena de bloques o blockchain.

Ese "descubrimiento" de nuevos bitcoins es automático, pero complejo. Se realiza con computadoras que compiten entre ellas para resolver problemas matemáticos. Esas máquinas, nodos individuales, además son las encargadas de validar los bloques de operaciones de la cadena de la blockchain y por esos trabajos –crear y validar– obtienen como recompensa parte de los nuevos bitcoins que se generan (el proceso es similar para Ethereum, BitCash y las más de 1.000 criptomonedas que existen).

Cuanto más poder de cómputo, más fácil es resolver esos intríngulis matemáticos, crear bitcoins y, sobre todo, quedarse con la recompensa. Por eso nacieron lo pools, que agrupan varios mineros y sus potencias (hashing power) y luego reparten las ganancias. Ahí entra en juego el factor energético, vital para este negocio, tanto para alimentar las mineras como para refrigerarlas: tantas computadoras juntas disipan mucho calor y para evitar colapsos hay que enfriarlas. Como la ecuación energética es tan importante, y para ahorrar en refrigeración, muchas de las mineras más grandes están en zonas frías de Canadá, Rusia y China.

Ahora también en el sur argentino, donde BitPatagonia usa 4,5 megawatts de energía y genera una potencia de 55 petahash que se envían a los pooles. Pero las instalaciones ya podrían crecer hasta 7 megawatts. "El secreto es la eficiencia para detectar qué poolmina mejor. Nuestro software mira todos y le ofrece nuestra potencia al que mejor esté minando en ese momento. Ahí está gran parte del secreto de este negocio", describe Salama.

"Eso cambia todo el tiempo y en eso se basa la rentabilidad y la profesionalización del negocio. Ahí está la balanza entre lo que gastás de energía y lo que generás en criptomonedas porque las cuentas tienen que cerrar", agrega Pando.

La instalación de BitPatagonia en la capital provincial está en un ala vacía de una planta de Newsan en la que hasta hace algunos meses se ensamblaban celulares. Luego de que se abriera la importación, quedaron muchos galpones vacíos como éste y la provincia enfrenta tiempos de reconversión, con negocios que se reconfiguran y empleados que ven como sus trabajos no existen más. Hay tensión, por otro lado, por la energía que consumen las mineras. Además de BitPatagonia, en la zona hay algunos otros proyectos similares, aunque de menor envergadura. "Tierra de Fuego es una joya de la tecnología. Se acomodaron con negocios de televisores y celulares en otra época, pero están seteados tecnológicamente. Tiene mucho potencial", define Pando.

– En la isla recibieron algunas críticas por ser un proyecto que consume mucha energía, pero no generan empleo en gran escala, como una fábrica convencional.

– No es barata la energía, hay cientos de lugares en el mundo en los que es más económica aún. Acá conseguimos socios y la gobernación nos recibió. Además, queremos invertir en el país. Somos argentinos y queremos que Argentina sea referente en blockchain. Vemos un trade off entre una industria que se apaga y otra que surge. No venimos con el concepto de vengo y me la llevo, nos queremos quedar.

– ¿Qué usos futuros se imaginan para blockchain, o es sólo criptomonedas?

– No, para nada. Con nuestra capacidad y potencia podemos dar soluciones de trazabilidad y contratos inteligentes, por ejemplo. Blockchain vino a cambiar la manera en la que nos interconectamos. Es un nuevo paradigma. Como emprendedor, las dudas están en cuándo va a pasar todo esto. Pero hay que estar cuando pase. Eso hacemos: queremos ser un jugador local importante en ese negocio.

A la gobernadora Roxana Bertone también se la ve entusiasmada, mientras prueba un láser que mide a la distancia la temperatura interna de cada computadora. "Me encanta todo lo que está pasando. Estamos buscando ser más fuertes en software y conectividad, invirtiendo en fibra óptica", asegura mientras recorre la planta de BitPatagonia en Ushuaia.

También habla de las tensiones laborales y del consumo de energía. "Cada puesto de trabajo vale, en eso pensamos. Son todas tareas que hay que complementar. Con el tema de energía tenemos algunas dificultades, pero tratamos de hacer esfuerzos para cumplir con estos nuevos emprendimientos que se completan con los que ya tenemos, la producción de electrónica. Esto es el futuro y hay que acompañar", afirma.

A lo largo de la visita se habla mucho de tecnología, pero el precio por el piso del bitcoin se cuela en cada charla. "Paciencia, el partido es largo", dice un inversor, y segundos después reconoce con una risa nerviosa que tiene "más dudas que certezas". Así están todos aquí: pusieron dinero y lo pueden perder. O multiplicar.

"Estas bajas tan grandes en el precio pasaron otras veces en la corta vida de bitcoin. Y lo que termina ocurriendo es que sacan a los que hacen las cosas mal, o más o menos, y dejan a los que invertimos de verdad", dice Pando y corre a mostrar un sistema de paneles que diseñaron para ventilar por el techo aire a más de 50 grados que se genera entre dos racks. El zumbido no para. A pesar de la sangría, hay esperanzas.

 

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